
Del polvo al concreto: Juanita Carrillo inaugura dos pavimentaciones en zonas olvidadas de Cuautitlán
- Lourdes Santiago López
- hace 14 horas
- 2 Min. de lectura
*Calles que por décadas fueron promesa, hoy son realidad.
Cuautitlán, Edomex.- Durante años, Pascual Morlán y la Cerrada Teyahualco fueron sinónimo de tierra, baches y abandono. Este fin de semana, esas historias comenzaron a quedar atrás con la entrega de dos nuevas vialidades de concreto hidráulico, encabezada por la presidenta municipal de Cuautitlán, Juanita Carrillo.
Lejos del corte de listón tradicional, el mensaje fue claro: las obras llegan primero a donde nunca llegaron. Vecinas y vecinos que han vivido aquí más de medio siglo atestiguaron una transformación que, hasta hace poco, parecía inalcanzable.

“No venimos a maquillar calles, venimos a saldar deudas históricas”, expresó la alcaldesa ante habitantes de la zona.
Estas vialidades no solo mejoran el tránsito diario; reconectan colonias completas como Teyahualco, Santa Elena y Las Trojes, y se convierten en piezas clave para reordenar la movilidad del municipio, en sintonía con proyectos de mayor escala que ya se gestionan con el Gobierno del Estado de México.
A diferencia de obras temporales, el Ayuntamiento apostó por concreto hidráulico, un material que resiste el paso del tiempo, reduce costos de mantenimiento y soporta el tránsito pesado, dejando atrás soluciones que duraban apenas unos años.

El trabajo fue integral: drenaje renovado, banquetas nuevas, losas reforzadas, señalización y seguridad vial, todo pensado para que las calles funcionen hoy y sigan funcionando mañana.
Juanita Carrillo adelantó que estas acciones son solo una parte de un plan más amplio, que incluye intervenciones en la Avenida Teyahualco, obras hidráulicas y nuevos proyectos de abasto de agua, atendiendo una de las demandas más sentidas de la población.

“El cambio no se improvisa: se planea, se ejecuta y se sostiene”, remarcó.
Con la participación de autoridades municipales y habitantes beneficiados, la jornada dejó algo más que calles nuevas: la certeza de que Cuautitlán empieza a caminar por rutas que durante décadas estuvieron cerradas.








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